Juan Mari Larrañaga Ysasi-Ysasmendi, autor de este blog

Juan Mari Larrañaga Ysasi-Ysasmendi, autor de este blog

viernes, 3 de febrero de 2012

Domingo B de la 5a semana de Tiempo Ordinario (5 febrero 2012)

¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

PRIMERA LECTURA
Mis días se consumen sin esperanza


Lectura del libro de Job 7, 1-4. 6-7


Habló Job, diciendo: - «El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio, sus días son los de un jornalero; Como el esclavo, suspira por la sombra, como el jornalero, aguarda el salario. Mí herencia son meses baldíos, me asignan noches de fatiga; al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se alarga la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba. Mis días corren más que la lanzadera, y se consumen sin esperanza. Recuerda que mi vida es un soplo, y que mis ojos no verán más la dicha.» Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL

Sal 146, 1-2. 3-4. 5-6


R. Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados.
Alabad al Señor,
que la música es buena;
nuestro Dios merece una alabanza armoniosa. El Señor reconstruye Jerusalén,
reúne a los deportados de Israel. R.
Él sana los corazones destrozados, venda sus heridas.
Cuenta el número de las estrellas,
a cada una la llama por su nombre. R.
Nuestro Señor es grande y poderoso,
su sabiduría no tiene medida.
El Señor sostiene a los humildes, humilla hasta el polvo a los malvados. R.

SEGUNDA LECTURA
¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 9, 16-19. 22- 23


Hermanos: El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mí si no anuncio el Evangelio! Si yo lo hiciera por mi propio gusto, eso mismo sería mi paga. Pero, si lo hago a pesar mío, es que me han encargado este oficio. Entonces, ¿cuál es la paga? Precisamente dar a conocer el Evangelio, anunciándolo de balde, sin usar el derecho que me da la predicación del Evangelio. Porque, siendo libre como soy, me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. Y hago todo esto por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes. Palabra de Dios.

EVANGELIO
Curó a muchos enfermos de diversos males




 Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Símón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: - «Todo el mundo te busca.» Él les respondió: - «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.» Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios. Palabra del Señor.

COMENTARIO


“¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!”, es el lema que todo bautizado debe llevar impreso en su corazón. Deberíamos de ser conscientes del gran tesoro que tenemos, que no es únicamente para nosotros, sino que hay que salir, a imitación de nuestro Señor Jesucristo, anunciando a los demás el Evangelio “a tiempo y a destiempo” (Segunda carta de san Pablo a Timoteo 4, 1-9), porque es para toda la humanidad.
El Papa Benedicto XVI nos exhorta a que anunciemos el Evangelio usando las nuevas tecnologías. Yo, mediante estos comentarios semanales que empecé mandando a una lista de correo electrónico y que ya se publica en un blog creado a tal efecto por la parroquia de San Antonio de la Florida, pretendo dar cumplimiento a mi deseo de ayudar a la Iglesia en su misión evangelizadora.
Jesús se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Antes de cada misión, Él lo ponía todo bajo el consejo del Padre. Nuestro Señor necesitaba estar largos ratos conversando, orando, a solas con el único que le podía ayudar. Él, verdadero hombre y verdadero Dios, nos quiere dar un gran ejemplo de la necesidad que tenemos los hombres del dialogo continuo con nuestro Padre celestial en la oración.

No hay comentarios:

Publicar un comentario